domingo, 6 de mayo de 2012

El Barco




El barco zarpo con pasajeros de diversos tipos, hombres, hombres-hiena, hombres-rata.
Los primeros disfrutaban de la travesía apaciblemente, en cada escala desembarcaban unas horas. Sin embargo los segundos les escudriñaban por si en un descuido podían atacar y repartirse el botín.
Ese botín les alimentaba, cualquier muestra de debilidad o diferencia sintiéndose  superiores, como hienas desmembraban rápidamente y,  despiadadamente una presa tras otra.
Sin pensar, tendrían que digerir ese proceso lento, doloroso, desgarrador, produciendo lo engullido surcos imborrables, atrapados tras un cristal expuestos a la vista de todos.
El mal hacer les acabo dejando una cicatriz para siempre, cuando las aguas se calmaron todos habían desembarcado y se creían a salvo aunque presos como un barco para siempre.
Asi sea.