A todo aquel que me ha censurado alguna vez
Cuán absurdo, ponerle las manos,
si la boca del genio no va a callar.
Cuán absurdo, pues en silencio
mejor son los gritos de libertad.
Cuán absurdo, atarle las manos,
pues el genio aún puede soñar;
y, en su cabeza, él va creando
lo que así el necio nunca verá.
Cuán absurdo matar al genio,
pues todo genio es inmortal.
Cuán en serio yo te digo
que nunca jamás me callarán.

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